Entrevista en Columna Cero – Cultura

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Extractos de la entrevista realizada por Melanie Lupiañez en la sección de Cultura de la revista digital Columna Cero.

“Quedé absolutamente impactado con El Perro enterrado en la arena y Saturno devorando a su hijo de Goya de su serie Pinturas Negras”. Esa metáfora visual del pintor español ilustra su visión del mundo cuando su ojo capta a través de la cámara. “Cada domingo desde que tenía 9 años mi padre me llevaba al Museo del Prado. Allí empezó a despertarme la pasión y tuve la suerte de que en aquellos años en España se publicara una colección de cromos de arte, que me permitió conocer además de los clásicos a pintores como Rothko, Andy Warhol y Lichtenstein, en una época en la que ni siquiera se hablaba de modernidad en este país. Para mí fue muy importante la pintura”, dice el fotógrafo.

Dicho con sus propias palabras “la técnica es una herramienta muy útil y a mí el conocimiento técnico me acerca a la libertad expresiva. Porque cuanto más conocimiento técnico tengo más libre soy de hacer lo que me apetezca, siente o necesite expresar en cada momento.”

Llevo 50 años haciendo fotografía, he pasado por un laboratorio y he revelado toda mi vida”, dice el madrileño. En la actualidad aplica las técnicas analógicas de revelado a los nuevos sistemas de impresión de Copia Gicleé. “Siempre he sido laboratorista de mí mismo y de otros”, esos otros de los que habla De Paz son reconocidos artistas como Pérez Siquier.

Photoshop no te convierte en mal fotógrafo. El problema que tiene Photoshop es que es tan poderoso, tan potente, que puede llegar a dominarte. A muchos fotógrafos les pasa que se convierten en fotógrafos efectistas porque sacan lo máximo posible del programa cuando a veces no es necesario, es la imagen y tu concepto lo que tiene que ser prioritario.”

“El fotógrafo es el único artista que se pasa el día hablando de técnica, el tamaño de su cámara, el objetivo, si es mejor o peor. No me imagino a un pintor hablando con otro de qué pinceles utiliza para pintar. Hay un cierto machismo fotográfico en ese concepto, un cierto complejo fálico de a ver quién tiene el objetivo más grande.

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