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  • Trabajo en curso Actualmente, casi todo el mundo lleva una cámara encima y hace fotos, fotos, fotos... Testigos de sus propias vidas, no está claro si la mayoría de la gente fotografía para recordar o simplemente para certificar que siguen vivos. Mientras haya fotos hay vida, parece decirnos esa fiebre que se ha instalado en la médula espinal de nuestra sociedad. Perecedera desde el mismo momento de su toma, la fotografía se ha convertido en un acto mecánico. Se fotografía de manera compulsiva, febril, acumulativa, como si haciendo fotos fuésemos capaces de conjurar algún maleficio. Fotografía, que algo queda, parecen querer decirnos todos esos rostros que parecen vivir la vida a través de un visor de una cámara fotográfica o de un móvil. Entre tanta foto, hay pocas imágenes realizadas con cariño y respeto, con intención creativa y sosegada, sin ánimo de batir récords o ganar olimpiadas fotográficas de ningún tipo. Siempre nos queda volver la vista atrás, sin nostalgias, con ganas de seguir aprendiendo. Con ese espíritu zen tan propio del escritor de Haiku, Matsuo Bashoo: "No sigas las huellas de los antiguos, busca lo que ellos buscaron".