El río Somme nace en la región de la Picardie, situada al norte de Francia. Nada hace presagiar en un manantial tan bucólico el trágico destino que la historia le asignó. A pesar de que su nombre proviene de una palabra celta que significa tranquilidad, es más conocido por la infame batalla a la que dio nombre durante la Primera Guerra Mundial, en la que murieron más de un millón de jóvenes de diferentes países; toda una generación perdida.

DÍAS DE BARRO Y SANGRE (Texto al final de la galería de fotos)

Días de Barro y Sangre surge de la necesidad de realizar una introspección sobre los sentimientos y emociones que experimenté tras un viaje a Croix-Fonsomme, el pueblo natal de mi mujer, en la región de La Picardie, situada al norte de Francia. Como su nombre indica, allí nace el río Somme, palabra celta que significa tranquilidad, en un paraje un tanto bucólico, aunque en realidad sea más conocido por el trágico destino que la historia le asignó: dar nombre a la infame Batalla del Somme, durante La Primera Guerra Mundial (1914 / 1918) que cien años después pervive en la memoria europea como una de las mayores sinrazones bélicas de siempre, en la que se estima que murieron unos doce millones de personas, hubo el doble de heridos, la mayoría mutilados, y se calcula que también fallecieron más de ocho millones de animales de todo tipo, incluidos elefantes y camellos, pero sobre todo caballos, perros y palomas.

La región está preñada de pequeños pueblos y el paisaje es típico de las zonas agrícolas del norte de Francia. Debido a su situación estratégica en el centro de Europa, esta tierra ha sido castigada por grandes conflictos de manera pertinaz, guerras crueles y salvajes como no puede ser de otra manera cuando se trata de guerrear en nombre de patrias, dioses o intereses inconfesables. Existen cerca de quinientos cementerios de distinta nacionalidades, varios museos y memoriales por todo el territorio, en el que hay que destacar el de Thiepval, considerado el mayor monumento funerario militar británico del mundo, donde la memoria se mantiene convertida en piedra. Sin embargo, al margen de visiones triunfalistas y heroicas, el escritor inglés Geoff Dyer, dice que “El memorial de Thiepval proyecta una sombra sobre el futuro, una sombra que alcanza a los muertos del Holocausto, el Gulag, los desaparecidos en América del Sur o en Tiananmen. Por eso el siglo XX está concentrado allí, es una profecía, un recuerdo del futuro”.

Fui acumulando información con el trabajo de documentación, pero no necesité los datos en mis solitarios paseos por esas tierras, embarradas por la lluvia constante del otoño y sin más compañía que los pensamientos y sensaciones a flor de piel. Pude sentir el retumbar de la artillería en mi mente, el horror acumulado en el barro de las trincheras, el miedo helador en la fría oscuridad de la noche o la mortífera niebla del gas mostaza. Seguí el curso del río hasta el valle donde se remansa en meandros formando los humedales conocidos como Las Marismas del Somme, donde tuvo lugar la famosa batalla, una locura en la que se dejó la vida una generación de jóvenes de ambos bandos en menos de cinco meses. Una guerra de trincheras donde los soldados eran minuciosamente abatidos por las ametralladoras o morían en oscuros túneles, bajo eternos bombardeos o sufriendo las nuevas armas químicas, obligando a hombres y animales a luchar con máscaras de gas y donde los muertos eran tragados literalmente por el barro junto a miles de cadáveres en descomposición que nunca serían recuperados. Durante el trabajo de documentación averigüé también que J.R.R. Tolkien sirvió en el 11º Batallón de Fusileros de Lancashire con la que participó en la batalla, aunque se libró de la muerte al resultar herido. Según algunos estudios esta traumática experiencia le sirvió para dar forma al peor de los mundos posibles y la tierra del mal por excelencia: “Mordor”, «donde se extienden las sombras». Incluso no resulta descabellado pensar que «La Ciénaga de los Muertos” de la novela estuviera directamente inspirada por la ofensiva de las tropas británicas en las que estaba alistado y que se saldó con veinte mil muertos y más de cuarenta mil heridos en un solo día, quedando el campo de batalla cubierto completamente de cadáveres sin sepultura y que fueron tragados paulatinamente por el denso barro. El mal absoluto estuvo presente en carne y hueso en el Somme, encarnado en la figura de un soldado alemán de primera llamado Adolf Hitler, que resultó alcanzado en una pierna y es posible que esta batalla también le sirviera de inspiración para propiciar otros horrores menos literarios. En el otro lado del horror quisiera citar a Vera Brittain, enfermera que en el curso de la guerra perdió a todos sus seres queridos y es autora de una crónica conmovedora y cándida sobre su experiencia durante la guerra, «Testamento de Juventud». Posteriormente fue llevada al cine por James Kent con título homónimo e interpretada por Alicia Vikander en el papel de Vera. Hay muchas referencias de filósofos, artistas y escritores de diferentes estilos que sufrieron la guerra dejándo una huella imborrable en su trabajo, pero cito estos por ser menos conocidos.

Durante varios años he vuelto a visitar esa tierra de perfiles suaves, que está habitada por hombres y mujeres dedicados a vivir en paz de su tierra fértil y que algún día conocieron los peores horrores que un ser humano es capaz de sufrir. El trabajo fotográfico que presento es el resultado de esa introspección, realizada en el transcurso de esos breves viajes. He fotografiado esos campos de cultivo machacados por una artillería apocalíptica, las cicatrices en la piel de la tierra donde yacen tantos cadáveres desconocidos o esos cementerios repartidos por esa geografía suave lo más sinceramente que he sido capaz. También he construido imágenes cosiendo emociones con varias fotografías captadas en diferentes enclaves de la zona. No he ido buscando nada en concreto, no es un trabajo documental, sino más bien metafórico en el he dejado ⎯una vez más⎯ que el azar objetivo me permitiera ver con claridad entre tantas lágrimas de dolor y rabia.

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