Un fin de semana cualquiera

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Salir de casa cuando todavía las farolas están encendidas, para llegar al Cabo antes de que salga el sol. Entrar en el mar y ver amanecer nadando alrededor del Arrecife de Las Sirenas, seguir nadando por aguas abiertas en compañía de mis amigos los peces, hasta doblar el Cabo de Gata, pasar por el pequeño cañón que lleva hasta la Playa del Corralete, y atravesarla hasta el otro extremo para encontrarme con unos cormoranes que descansan sobre un pequeño arrecife que sobresale apenas un metro del mar. Volver a la orilla, tomar un poco el sol mientras repongo fuerzas con un poco de fruta y agua. Volver a casa antes de que las sombrillas, neveras y barbacoas se adueñen de la orilla.

No se me ocurre una mejor manera de empezar el día, ni mejor vacuna contra los efectos perniciosos del confinamiento y el uso diario de la mascarilla. Me siento un completo afortunado.

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